Es uno de los grandes referentes de la vitivinicultura argentina. Actualmente, Roberto de la Mota es Enólogo del Año para la Guía Descorchados y presidente de la DOC Luján de Cuyo. Con más de 40 vendimias de experiencia, su nombre está ligado a algunos de los proyectos más importantes de la vitivinicultura argentina contemporánea y a una forma de entender el vino atravesada por la precisión, la elegancia y la expresión del origen.
Su historia está marcada, además, por una herencia enológica excepcional. Es hijo de Raúl de la Mota, una de las figuras centrales del vino argentino del siglo XX y pionero de la elaboración y difusión de vinos varietales en el país. Desde muy joven, Roberto creció en contacto con la vitivinicultura y luego profundizó su formación académica en Montpellier, Francia, donde tuvo como maestro a Émile Peynaud, uno de los grandes referentes de la enología moderna. A lo largo de su carrera participó en proyectos que ayudaron a reposicionar internacionalmente al vino argentino.
Actualmente lleva adelante Revancha -su proyecto personal- y Mendel, una de las bodegas que en 2020 se incorporó a la DOC. Durante su visita en la ciuadad de La Plata, cconversamos con Roberto de la Mota sobre su labor en la DOC, la disminución del consumo de vino en el mundo, y más.
– ¿A qué le atribuye la disminución del consumo de vino en el mundo?
En la década del 60-70 hubo un pico máximo del vino, porque era algo cotidiano en las casas, en ámbitos industriales donde los aperarios almorzaban con vino y luego seguían en actividad y lo quemaban. Después el vino se convirtió en algo más social. Recuerdo que en el 89 fui a una Conferencia en Europa y un especialista en marketing suizo lo predijo. El argumento principal era que el consumo de vino era social, y cada vez mas gente vivía sola, el consumo de vino disminuiría.
María Ponce, Grand Ambassador de Mendel, junto a Roberto de la Mota.
Y los informes más recientes dan cuenta de que hay una sustitución del consumo de alcohol por otros otras cuestiones como el cannabis, principalmente en el caso de Estados Unidos y algunas partes de Europa. Los jóvenes consumen socialmente cannabis en vez de alcohol. Ahí es donde se genera una confusión que sostiene que el consumo de cannabis es más saludable que el consumo del alcohol.
– Ustedes como productor, ¿qué posición toman?, ¿salen a conquistar a ese público que no toma vino?
La realidad es que no. Para ese consumidor hay muchos productores que están haciendo vinos sin alcohol, vino debajo del alcohol, porque es una tendencia, y me parece bien que lo hagan. Nosotros estamos en otro camino. Yo trato de hacer un vino distinto, que un vino más que refleja un terruño, una cultura, un paso del generaciones trabajando sobre las vides. El costo nuestro es alto, es para producir porque tenemos un viñedo con cierta edad y cuidado esperado, ese es un atributo importante. Y para vino masivo de productividad y para hacer un ritmo más económico, me juega en contra.
De la mano de María Ponce, Grand Ambassador de Mendel, De La Mota brindó una degustaciones de diferentes etiquetas de su marca. “Cuando lanzamos Mendel, allá por 2004, empezamos a trabajar con dos vinos: un Malbec, porque nosotros teníamos una viña antigua en Pedriel, auqnue además queríamos exportar. Y empezamos con un blend: Malbec con Cabernet Sauvignon también de Pedriel. A mí la combinación de Caberrnet con Malbec me encanta, porque el Cabernet siempre tiene muy buena estructura tánica donde uno puede poner toda la redondez, el graso, la suavidad la untuosidad que tiene el Malbec. Entonces se combinan muy bien. Ya en 2009 le incorporamos una tercera cepa: Petit Verdot, en baja proporción, porque le aporta algo interesante al vino. Ese blend quedó definitivo, y aún hoy lo elaboramos”.
– Hoy se habla mucho de baja intervención del vino…
Yo me acuerdo mucho de mi papá con este tema. La no intervención mal interpretada es como que no hay que hacer nada. Y no es así. Es tratar de es tratar de trabajar en forma preventiva lo antes posible desde la viña. Si vos trabajas muy bien la viña, tenés una buena producción y muy equilibrada, no tenés que corregir mucho. Si la fermentación sale bien, si la crianza va bien no tenés que hacerle demasiadas correctivas.
Roberto de la Mota en conferencia de prensa.
– ¿Cómo están trabajando para obtener la DOC Luján de Cuyo?
La iniciativa tiene bastante de tradición porque en el año 1988, 12 productores de la zona Cuyo se unieron en forma libre y voluntaria con la idea de hacer una denominación de origen. ¿Por qué? Porque la década del 80 tuvimos una crisis vitivinícola muy importante, una disminución muy grande de producción. Hubo pérdida muy importante de superficie y sobre todo pérdida de un patrimonio muy importante que era las viejas viñas de Luján. Los argentinos pasamos de tener 50.000 hectáreas en Malbec a 9000 (hora tenemos 50.000 de vuelta). En el ’91 se consiguió la aprobación y se logró la primera denominación de origen de vinos de América. Y empezó a funcionar, pero solo cuatro bodegas permanecieron dentro del ámbito de la denominación de origen. Y recién en el año 2020 salimos a reforzar el tema de la definición de origen con el objetivo de proteger la viejas viñas que se estaban perdiendo a causa del crecimiento de la ciudad.
Entonces, empezamos a trabajar, trabajamos un montón, modificamos el reglamento, ampliamos el mapa porque había ahora tenemos zonas nuevas plantadas. Con esa idea y la verdad que nos ha ido muy bien, ahí ahora son los 23 productores que está incorporando nuevos con estamos haciendo mucha investigación y desarrollo, con estudios geomorfológicos de los suelos, una investigación de análisis sensorial y químico de los distintos Marbecs de los distintos distritos, entre otras cosas.
– ¿Qué es lo que más disfruta como enólogo?
Me gusta mucho trabajar en los viñedos, yo siempre dije que tengo bastante sensibilidad; recorriendo el viñedo me doy cuenta si le falta agua, si está bien. Y yo creo que el viñedo va manifestando cómo se siente. Entonces esa sensibilidad me encanta percibirla. Y despues la vinificación, el prestar mucha atención. No solamente la fecha de cosecha, la maceración, la craizna, la eleccion de la barrica, el tiempo tación, la desestación. La crianza, acción, la barricas, el tiempo que va a estar en las barricas, la cantidad de trasciegos. Después hablábamos más temprano de los cortes, todo el esfuerzo que es hacer un buen blen y de la detaciones, la participación en un equipo y entonces la discusión va son todos divertidas y entretenidas, así que es una actividad que yo siempre trato de contar y de manifestar lo entretenida y divertida que es.
Y lo mas importante es que cuando alguien hace un vino, otro lo puede disfrutar en una botella, lo puede criticar también. Pero además de eso, tenés la particularidad de que lo podéss conservar en el tiempo. El vino trasciende. Yo tengo la enorme suerte de poder probar vino que hizo en mi padre con mis hijos, y espero que mis hijos puedan disfrutar un vino que hice yo con mis nietos.
– Por último, ¿qué es el vino?
El vino por sí es una bebida cultural, no nacemos con la habilidad para degustar un vino (el vino tiene astringencia, acidez, cosas que al humano no le gusta) pero se aprende a consumir y a disfrutarlo. Y después es una bebida social, para que lo consumamos en familia, con amigos. Cuando pensamos en una buena comida, asociamos también a tener un buen vino. Ambas se combinan y se disfrutan juntos. Es parte de nuestra cultura y lo traemos desde hace muchísimos años.



