La escena gastronómica platense se prepara para vivir un encuentro imperdible el próximo sábado. Dicha recibirá a Lourdes Kazimirczyk, popularmente conocida como Lulo, una pastelera de apenas 21 años que está rompiendo los esquemas tradicionales a fuerza de una especialización tan fascinante como inusual en nuestras latitudes: la pastelería nórdica, una tradición de panadería y repostería de los países escandinavos (Noruega, Suecia y Dinamarca) caracterizada por el uso de ingredientes simples y especias aromáticas como el cardamomo y la canela.
Formada formalmente en el prestigioso Instituto Argentino de Gastronomía (IAG), Lulo entendió muy temprano que su verdadero motor no radicaba en replicar las recetas de siempre. Comenzó haciendo pastelería en su casa a los 15 años, en plena pandemia, impulsada no por un fin puramente comercial, sino por la curiosidad indomable de financiar sus propios experimentos e ingredientes. A partir de ese momento, su identidad se consolidó desde una búsqueda constante, escapando a las recetas de siempre. “Nunca enfoqué mi emprendimiento en preparaciones básicas como cheesecake, chocotorta o lemon pie. No me gusta quedarme con lo clásico, sino darle una vuelta de tuerca a las cosas”, explica con firmeza.
Su idilio con la filosofía escandinava nació durante su etapa de estudiante, cuando conoció al chef Nico Díaz, quien lideraba un restaurante de cocina nórdica en la calle Thames (Säl). Ese encuentro transformó por completo su visión profesional. Lo que cautivó a Lulo no fue la opulencia, sino la belleza y la creatividad que se le puede dar a lo simple.
Krämbullar y Toscakaka, preparaciones que estarán disponibles en Dicha el próximo sábado.
“Vivimos en un país bendecido con muchos recursos y una disponibilidad constante de toda clase de frutas y verduras”, reflexiona Lulo. “Los países nórdicos se ven condicionados por el clima extremo (inviernos hostiles). Esta aparente desventaja los obliga a desarrollar un respeto sagrado por las estaciones y a dominar técnicas de conservación complejas, lo que hace que los alimentos cambien por completo. Esto para mí fue un flash, y dije por qué no lo aplico a la pastelería”.
Curiosidad, redes y el gran salto
Al notar el enorme vacío de información que existía en el ámbito local sobre la pastelería nórdica, Lulo decidió transformarse en pionera y comenzó a desarrollar sus propias recetas. Tras egresar del IAG, se convirtió en la mano derecha de su gran mentor, Juan Pablo Colubri, acompañándolo en asesorías y cursos que terminaron de forjar sus herramientas profesionales en el manejo técnico, la oratoria y la consultoría gastronómica. Sumando además capacitaciones en heladería de la mano de Carpigiani, consolidó un perfil sumamente versátil.
Todo ese recorrido de experimentación e intuición fue volcado en sus redes sociales, las cuales operaron como un puente directo con una comunidad ávida de propuestas innovadoras. El interés creció a tal escala que pronto se encontró dictando sus propios cursos especializados y emprendiendo un viaje a Escandinavia por la pura intuición para comprobar, de primera mano, cómo sabían en origen aquellas texturas y combinaciones que ella misma imaginaba en su cabeza.

Uno de los mayores mitos que Lulo busca derribar es que hacer pastelería nórdica requiere traer insumos directamente desde el norte de Europa. “La pastelería nórdica no es utilizar un ingrediente nórdico, sino adaptarse a los ingredientes locales y estacionales. Es una ideología, más que una manera de cocinar en Escandinavia en base a una serie de productos”.
Esa flexibilidad quedó demostrada en su reciente viaje a México, donde tuvo la oportunidad de fusionar las técnicas de la pastelería nórdica con la potencia de la materia prima local. En Argentina, el camino está marcado por la adaptación: ante la falta de ciertos productos tradicionales, Lulo aprendió a elaborar de forma 100% artesanal bases fundamentales como el mazapán casero, y a valerse de especias como un buen cardamomo, azafrán en hebras, fenogreco, el comino, el anís y los frutos rojos para reinterpretar las preparaciones.
Para Lulo, especializarse en este universo fue mucho más que una exploración de recetas; fue una señal indispensable para desacelerar y sanar una autoexigencia desmedida, aunque hoy su agenda esté al límite. “La pastelería nórdica me ayudó mucho para bajar un cambio. Encontré en estos procesos una lección de paciencia absoluta, una invitación a aceptar que si algo no sale bien, simplemente se vuelve a intentar, y que la verdadera belleza habita en lo imperfecto”, dice. Esta mirada comulga directamente con el Fika, el arraigado ritual escandinavo de la productividad consciente. A diferencia del ritmo vertiginoso local, en los países nórdicos el rendimiento convive con el descanso obligatorio: una pausa sagrada en el día para sentarse a charlar con un amigo, tomar un café y recién ahí continuar. “Tenemos muchísimo que aprender de la cultura nórdica”, concluye.
Pretzel nórdico.
El desembarco de Lulo en la escena gastronómica coincide con un cambio profundo en el consumo local. Lulo distingue dos tipos de clientes que se acercan a sus vitrinas: por un lado, una comunidad foodie y viajeros que ya reconocen los sabores; por el otro, un público que se permite sorprender por primera vez ante combinaciones inesperadas. “Cada vez estamos pidiendo una pastelería menos dulce, con un repertorio de sabores más amplio. Creo que las especias están pisando fuerte y que los argentinos estamos más abiertos de paladar”, reflexiona la pastelera.
La cita en Dicha
Los platenses tendrán la oportunidad de encontrarse con el universo de Lulo este próximo sábado, el día en que esa búsqueda constante finalmente desembarque en la ciudad. El pop-up en Dicha promete ser una experiencia inédita para los paladares de la ciudad: una oportunidad de probar creaciones sutiles, cargadas de técnica, historia y un profundo respeto por la materia prima.
Sole Hernández recibirá en la cocina de Dicha a Lulo para armar un mostrador repleto de pastelería nórdica. La puerta de entrada obligatoria es el icónico roll de cardamomo. También habrá bollo de azafrán relleno, krämbullar relleno con crema de flan de maíz, y tortas como la Toscakaka con cream cheese y membrillo, y la deliciosa Princesstårta, una tarta tradicional sueca. Habrá opción salada y será el Pretzel con pastrón, kale y mostaza.
Para quienes busquen escapar de la monotonía de los clásicos de vitrina y adentrarse en la complejidad del invierno escandinavo, la cita con Lulo es, sin dudas, el plan obligatorio del fin de semana.
En IG: @lulopatisserie




