Nayla Pérez Knees y Ayelén Iriel: “¡Las mujeres también podemos gritar!”

Por Fernando Suárez

En el lado pesado del rock, la desigualdad de género está desapareciendo a un ritmo desacelerado. Hace algunas décadas no era para nada común ver a mujeres liderando bandas de metal, y mucho menos era común que fueran bien recibidas por el público. Si bien algunas bandas con estas características han logrado establecerse (tales como Evanescence o Paramore), la situación no es tan diferente a como lo era antes.

Nayla Pérez Knees y Ayelén Iriel son dos mujeres que lideraron la misma banda: Redentor de Almas, pero en dos periodos distintos. En esta entrevista para #Pinta, ellas nos cuentan sobre sus experiencias vividas dentro de este lado de la música, además de otras cuestiones, entre ellas lo que significa compartir banda con Magnus Mefisto.

Primeramente, entrevistamos a Nayla Pérez Knees, quien supo ser la segunda vocalista y líder de Redentor de Almas. Nos cuenta sobre sus inicios, sus sensaciones con respecto al machismo en la escena del new metal y su partida de la banda.

– Si la memoria no me falla, fuiste la segunda vocalista y líder de la banda. ¿Cómo fue que conociste el new metal?, y, más importante aún, ¿cuándo comenzaste a cantar en bandas?

Efectivamente soy la segunda. Empecé con ellos en 2008 y estuve ahí hasta 2014, ¡un montón! 

El nu metal entró en mi vida a la adolescencia, cuando todos buscamos nuestra identidad a la par de un lugar de descarga emocional. Apareció casi de casualidad escuchando la radio, y me quedé oyendo. Primero fueron Korn y Slipknot, y después aparecieron Linkin Park, Disturbed y Mudvayne, entre otros.

Me gustaba escuchar toda clase de música, pero a la hora de cantar me sentía representada con Slipknot, tanto en la furia de las letras como en el sonido. Casi sin querer descubrí que podía imitar las voces guturales y que sorpresivamente lo disfrutaba mucho. Con el tiempo descubrí Kittie y Arch Enemy, y descubrí que no era un bicho raro. ¡Las mujeres también podíamos gritar!

– Según entiendo, la mujer no es bien recibida del todo por parte del público que consume este tipo de géneros musicales. ¿Alguna vez sentiste este rechazo a tu género durante recitales en vivo?

Estamos hablando de un tiempo en el que, si bien parece mentira por lo cercano, el tema de la desigualdad de género no era tan hablado a nivel social. No sé si era rechazo, pero siento que me exigían cosas que a los hombres no. Por ejemplo, me llegaron a comentar que mi vestuario no era tan sensual como para una frontwoman, y eso no se lo decían a mis compañeros. 

Siento que al público le llamaba la atención que fuera una mujer, flaquita, con poco más de metro y medio, y que de repente pegara gritos. En los antros pasaba que venía algún metalero gigante a darme la mano, como si le hubiese causado una impresión, y eso tengo que admitir que me resultaba muy satisfactorio. Digamos que era poco común, ¡éramos pocas haciendo eso!, entonces provocaba reacciones diferentes que no siempre eran positivas. 

– Ahora, yendo un poco más por lo que es Redentor de Almas, ¿cómo fue que llegaste a formar parte de la banda? 

Bueno, ¡este es el momento en el que se me caen unas gotas! (risas). Conocí al baterista por Fotolog y nos hicimos buenos amigos. Él tenía su banda y yo tenía la mía, pero estaba en búsqueda de un proyecto en paralelo que fuese más pesado. 

La verdad que no tenía intenciones de quedarme en RDA (Redentor de Almas; no confundir con la República Democrática Alemana). Entré para «hacerles el aguante» mientras conseguían otra cantante, y yo conseguí un proyecto de death metal. El caso es que me empecé a encariñar con el proyecto y los miembros, así que me quedé y el aguante se convirtió en estadía.

– Quiero centrarme un poco más en Pablo, más que nada por la influencia que tuvo sobre la imagen de la banda. ¿Dentro de la agrupación, hubo problemas con respecto a Redentor de Almas fuese una especie de sinónimo de Magnus Mefisto?

Podía ser algo que llegara a pasar, pero en el tiempo que estuve no hubo problemas en ese sentido. Puede que Magnus tampoco fuera muy masivo en ese momento, pero estaba comenzando a ser conocido. 

Él estaba muy centrado en su carrera como solista, pero no descuidaba a la banda, y, si bien compartía algunas cosas en público, había gente que escuchaba una y no la otra faceta, así que no era completamente un sinónimo, o al menos yo no lo sentí así. Inclusive, varios miembros participamos tanto de canciones suyas como recitales en vivo.

– A pesar de la falta de información en redes, pude encontrar que dejaste la banda antes del comienzo de la grabación del único disco de la banda. ¿Ustedes lanzaron música de manera oficial durante tu paso? Solo pude encontrar demos de la banda.

Yo estuve tanto en la etapa más larga como más under de la banda. Era todo más humilde y menos organizado. En ese momento era más un juego que otra cosa, y lo hacíamos por diversión. Nos gustaba salir a tocar y no tanto concentrarnos en la grabación o la composición, y eso sin contar que tuvimos muchos cambios en la formación de la banda. Eso nos hacía retroceder varios casilleros a la hora de considerar hacer un álbum. 

Cuando me fui, teníamos seis temas grabados y otros cinco por fuera. En ese último momento había más canciones: algunas muy buenas, y otras que ya veníamos tocando en vivo y perfeccionando para grabarlas en 2015. Como se sabe, eso se fue al tacho y esas bellezas inconclusas quedaron enterradas en algún archivo de Dropbox, o solo viven en nuestros corazones. Algunos dirán que jamás existieron, y quizás tengan razón.

– No estuviste en la banda en el momento del quiebre, sin embargo me interesa saber sobre los ánimos dentro. ¿Habían pleitos en la agrupación durante tu estadía?

En algún momento empezaron a notarse las rispideces. Las ya famosas “diferencias creativas” que dejan todo en suspenso y demás, no por nada cuando yo me fui salieron otros dos miembros y dejaron la banda por la mitad. En todo grupo humano hay diferencias y más aún si ese grupo, que fue creciendo en conjunto tanto en lo musical como en lo personal, no puede estar en la misma sintonía después de tantos años. 

De todos modos, sigo hablando con algunos de los chicos y está todo más que bien. Una vez incluso, hicimos un chiste con Pablo [Magnus Mefisto] y Xavier [Díaz] sobre reflotar la banda, y digamos que las personas que se lo tomaron en serio lo recibieron muy bien (risas).

– Saliendo definitivamente del tema Redentor, quiero adentrarme en tu actualidad. ¿Qué hay de Nayla Pérez Knees en la música? ¿Ahora mismo estás descansando o sos miembro de una banda y nunca me enteré?

Cuando era parte de la banda te habría dicho que no usaba mi nombre real, pero mira como son las cosas, que ahora estoy así de lejos de todo eso. Tuve varios proyectos que no terminaron en nada. ¡El último venía increíblemente bien encaminado! Estábamos queriendo grabar algunos temas, pero nos agarró la pandemia y nos hizo ver que teníamos objetivos distintos entre los integrantes, así que se disolvió, o al menos se reformuló. 

Hay propuestas que seguiré evaluando hasta la vuelta de la normalidad, pero no quiero mover esas fichas hasta entonces, porque no disfrutaría de las cosas como se debe. Ahora no estoy haciendo nada en la música; me estoy concentrando más en mi vida personal y profesional. Si en algún momento da para volver, con el mayor de los gustos lo volveré a intentar, pero por ahora estoy bien así. 

“Por cierto, una de las cosas que más extraño de la vieja normalidad es ir a ver bandas en antros. ¡Esas noches que te dan ganas de volver a salir a tocar!”

Por último, entrevistamos a Ayelén Iriel, quien fue la última líder de Redentor de Almas. En esta nota, nos cuenta sobre su trayectoria musical, sus experiencias en relación a la discriminación de la mujer en la escena under y el final de la agrupación.

– Según pude averiguar, sos la tercera y última vocalista femenina de la banda. Es curioso el hecho de que una mujer lidere una agrupación de música tan pesada como lo es el nu metal. ¿Cómo llegó este género a tu vida?

Pues, diría que el género llegó a mi vida con Linkin Park cuando tenía once años. Cuando escuché esas instrumentales tan pesadas, repletas de enojo y melancolía al mismo tiempo, quedé enloquecida. ¡Sentía que era donde pertenecía! Igualmente, siempre fui muy abierta con lo musical, al punto de que hace un año estaba llorando de emoción mientras veía a los Backstreet Boys por primera vez. 

Desde que tengo memoria, la música y el canto son mis mayores pasiones. Me recuerdo con siete años, grabando cassettes, simulando que tenía una radio y cantando todas las canciones de moda. En la adolescencia encontré a personas con la misma pasión que yo, y ahí fue cuando concreté mi sueño de cantar sobre un escenario y grabar una canción de forma profesional, esta vez sin la grabadora de mi vieja. De esta manera nació Over Again cuando tenía diecisiete años, y así fuimos creciendo, entre guitarras eléctricas baratas y baterías a medio armar. ¡Casi como la típica película hollywoodense, pero en el barrio Santos Lugares!

– Cada vez que pienso en mujeres metaleras, viene a mí el infame recital de Nirvana en nuestro país y el abucheo que sufrió Calamity Jane. ¿Sentiste alguna vez ese rechazo del público en vivo a raíz de tu sexo?

Si, totalmente. Yo siempre fui «varonera». Desde siempre me junté más con hombres que con mujeres, y para mí estar en la movida under en esa época era re divertido, ¡me sentía en mi salsa!.

Era casi siempre la única mujer, y todas las bandas estaban formadas por hombres; por parte de las bandas, siempre tuve la mejor onda y me aceptaban como una más, pero sí sentí discriminación en los lugares donde tocábamos. Recuerdo que una vez un patovica no me quería dejar pasar a una prueba de sonido porque «las novias se tenían que quedar afuera», tachando la idea de que podía ser miembro de la banda. También lo sentí por parte del público. Recuerdo a tipos gritándome que vaya a cantar canciones de Paramore o cosas así. Evidentemente, para sus pobres mentes eso era un insulto. 

– Ahora sí, quiero darle un poco de protagonismo a Redentor de Almas. ¿Cómo llegaste a formar parte de la agrupación?

Llegué poco después de la disolución de Over Again. La última cantante de Redentor había dejado la banda y, el por entonces baterista, me contactó por Facebook para probarme como vocalista, así que fui a uno de los ensayos. Me contaron que querían darle un giro al género que venían haciendo. ¡Me sentí cómoda y así empezó todo! 

– Ahora, tenían de compañero a Magnus Mefisto. ¿Hubieron problemas dentro de la agrupación con respecto a que Redentor de Almas fuese una clase de sinónimo de Magnus Mefisto?

Jamás, o al menos no por mi parte. Con Pablo nos llevamos bárbaro desde el comienzo y supimos conectar muy bien en todos los aspectos. En los ensayos siempre éramos los que estaban en un rincón apartado, boludeando y riéndonos como si fuésemos los barderos del aula que se sientan al fondo del salón.

Después de la disolución de la banda, me invitó a colaborar en una canción para su último disco y hasta hoy inclusive trabajamos juntos en su canal de YouTube. Su reconocimiento público nos ayudó mucho a nivel banda, y muchos de sus seguidores estaban en cada show hasta el final. Es algo que disfruté un montón y de lo que estoy super agradecida.

– Quiero aprovechar la falta de información en las redes para preguntarte sobre la realización de su primer y único álbum: Despertar. ¿Cómo fue el proceso para terminarlo y que supuso este álbum para la banda?

El álbum nos hizo sentir muchas cosas al mismo tiempo: ansiedad, alegría, frustración, calculo que es lo normal al grabar un disco de manera independiente. No teníamos ningún apoyo por parte de ingenieros o productores profesionales, y simplemente nos dejamos llevar por nuestros propios conocimientos y criterios, cosa que terminó en varias discusiones. Más allá de eso, el haberlo hecho, codo con codo entre los seis, en el viejo departamento de Pablo [Magnus Mefisto] entre risas y papas fritas, fue una experiencia increíble.

– Hasta donde entiendo, tuviste la suerte (o desgracia) de ser la última vocalista de la banda hasta su separación en 2020. Explicame, ¿cómo fue que sucedió esta ruptura?

Tener una banda que apunta a vivir enteramente de su música es una responsabilidad enorme; diría que es como tener una segunda familia y, para mí, la familia es fundamental. Los problemas empiezan cuando algún miembro pierde el respeto por los otros, incluido el compañerismo. No puede existir un falso dictador en un grupo que sueña lo mismo, tiene que existir el trabajo en conjunto y el cariño. Eso fue básicamente lo que pasó. 

Cuando la situación empezó a empeorar, varios de nosotros pusimos un punto y final. En los últimos tiempos ya era más un dolor de cabeza que algo que disfrutemos. Cuando ese camino lleno de amor y de pasión por la música se vuelve tóxico y oscuro, es mejor preparar las valijas y partir.

– Saliendo definitivamente del tema Redentor, quiero adentrarme en tu actualidad. Hasta donde sé, sos editora intermitente de vídeos de Magnus, pero, ¿qué hay de Ayelen Iriel en la música? ¿Ahora mismo estás descansando o sos miembro de una banda y nunca me enteré?

Si de algo estoy segura en mi vida, es que jamás voy a abandonar lo que me apasiona. Con esta respuesta te doy un pequeño spoiler de lo que puedo estar haciendo.

“Muy pronto se van a poder enterar de las novedades, pero por el momento es un secretito”.

 

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