En el mapa gastronómico de La Plata, pocas marcas logran sostener el peso de la tradición sin quedar atrapadas en la nostalgia. Imperialitos del Plata es una de las excepciones. La firma, que construyó su identidad en base a una receta fundacional que se convirtió en un producto emblema de la pastelería local, y atraviesa hoy un proceso de expansión clave. El motor de este crecimiento es el recambio generacional: los nietos del fundador aprendieron la receta heredada y expanden el proyecto a nuevos públicos.
“La historia del proyecto la inició mi abuelo en Berisso. Desde muy chico trabajó en panadería hasta que se casó con mi abuela y se vinieron a La Plata”, cuenta Facundo Velasco, nieto del fundador. La confitería se llamaba Hispana Argentina, y estaba en las calles 44 y 15 . Era una panadería tradicional donde se vendía pan, facturas, masas finas y tortas.
Pero fue un tiempo después, recién en 1972, cuando crearon el Imperialito inspirados en la torta imperial, un clásico de la pastelería argentina. El secreto del éxito radicó en una modificación clave en la técnica de cocción, lo que les permitió transformar por completo la consistencia del merengue y lograr esa textura única. El Imperialito comenzó a integrar el repertorio de las masas finas.
Facundo Velasco, tercera generación de Imperialitos del Plata.
El punto de quiebre llegó en noviembre de 1982 cuando Héctor y Mabel se mudaron a la calle 47 (entre 11 y 12) para fundar Confitería del Plata, con su hijo Hugo como nuevo integrante. “Fue aquí cuando se empezó a incrementar la demanda. Por cada kilo de masas que salía del mostrador, medio kilo eran puros Imperialitos”, dice Facundo.
Que los Imperialitos se impusieran sobre las demás variedades de masas finas fue decisivo. Hugo había perfeccionado la fórmula del imperialito y deciden enfocarse en el negocio del “monoproducto”. En 2008 la familia Velasco decide abrir el local de Avenida 13 y adoptar definitivamente el nombre de “Imperialitos del Plata”, enfocándose de lleno en ese clásico postre, desatando un auténtico furor en la ciudad.
Durante estos últimos años, la marca vivió un proceso de expansión de la mano de la tercera generación. En 2022 Facundo y sus hermanos inauguraron un local en City Bell. Más tarde, su cuñado abre en Los Hornos. El paso más firme en esta nueva etapa es la reciente apertura de su local en Diagonal 78 y 5, con Facundo al frente del local. Mientras las nuevas sucursales renuevan la identidad de la marca con una impronta moderna de la mano de los nietos del fundador, el local de Avenida 13 conserva la fisonomía original con la presencia de Hugo.
El primer local de Avenida 13 abrió en 2008 y continúa abierto.
Cada local produce sus propios Imperialitos. El recambio generacional no alteró la identidad de la marca: los nietos dominan al detalle la receta heredada, garantizando que el producto conserve la misma mística artesanal de sus inicios. “Básicamente el imperialito es una especie de alfajor con dos tapas de merengue de textura suave, una crema de dulce de leche, maní picado alrededor y espolvoreados con azúcar impalpable. Todo de manera equilibrada”, dice Facundo.
Los Imperialitos lograron trascender las fronteras de la ciudad gracias a un sabor y una textura tan particulares que hacen que quien los prueba, siempre quiera volver. Suele ser la preparación elegida para el postre en las mesas de domingo de los platenses.
Su producción se concentra en dos variedades de Imperialitos, donde el foco está puesto en la trazabilidad de la materia prima y la regularidad del producto: el tradicional, fiel a la receta original. Merengue suave, crema de dulce de leche, maní picado a su alrededor y espovoreados con azúcar impalpable. Y el de Moka, con la incroporación de café a la creama de dulce d eleche, y espolvoreado con cacao. Siempre manteniendo la misma estructura técnica del original.
Recientemente incorporaron un nuevo producto con envoltorio: los imperialitos tradicionales bañados en chocolate negro y blanco. Pueden llevarse de manera individual o en cajita.
La receta de siempre.
La mística del proyecto también se apoya en sus rituales de despacho. La producción diaria es limitada: hay stock hasta que se agota el mostrador, momento en el que el local cierra sus puertas hasta el día siguiente. “Intentamos producir más pero sin que se pierda la personalidad, porque este es una preparación artesanal y queremos que el proyecto siga en familia”, dicen.
Además, la experiencia de compra mantiene intacta la nostalgia del origen. El envoltorio es el mismo de siempre: los imperialitos se acomodan en la clásica bandejita, se pesan frente al cliente y se arma ese tradicional paquete envuelto en papel rojo y atado con cinta.
La expansión del negocio familiar también transformó su comunidad. Imperialitos del Plata está logrando captar a un público netamente joven que hoy redescubre el producto. El puente con estas nuevas generaciones se construyó a través de dos canales claros: el diseño contemporáneo de sus locales modernos —donde dan ganas de quedarse a tomar un café— y una fuerte presencia en el mundo digital. En una plataforma como X (ex Twitter), donde las marcas comerciales suelen pasar desapercibidas o acartonadas, Imperialitos logró romper el molde y cautivar a una comunidad masiva gracias a un tono divertido, fresco y descontracturado.
Imperialitos del Plata demuestra cómo una empresa familiar puede escalar su producción sin perder los atributos que le dieron origen. Con la apertura de Diagonal 78 y la gestión de los nietos del fundador, la marca reafirma su vigencia en la escena platense, transformando una receta heredada en un proyecto con proyección de futuro.

Imperialitos del Plata
Dónde: Av 13 e/ 34 y 35; Diag 78 e/ 5 y 6; 65 esq 133; Cantilo 932, City Bell.
En IG: @imperialitosdelplata



